Friday, March 5, 2010

deseo


El deseo se manifiesta sutilmente, provocado por un sentimiento incontrolable, que recorre el pensamiento e impulsa al cuerpo a navegar incauto por una nebulosa incomprensible e indómita. Un sentimiento sublime se apodera del cuerpo, este entra en un estado primitivo, salvaje…de adoración iconoclasta de aquello que se desea, rozando la locura se realizan actos incontrolados, animales, con tal de satisfacer el sentimiento emocional previo al deseo.

El deseo, esa extraña estación del Alma, esa forma de interactuar con lo bello, con lo oculto de las emociones, con todo aquello que no se expresa por miedo al rechazo.

El deseo es la sinceridad de la mentira, la seducción de verdades sexis, la sodomía de la normalidad, la vulgaridad de lo erótico, la elegancia del pensamiento platónico, el rechazo de la cotidianidad, la exaltación descontrolada del pensamiento humano, algo universal que no entiende de color, ni de religión, ni de parámetros construidos por sociedades establecidas.

Se escapa a lo humano, transciende del mundo material para desarrollarse en la espiritualidad, en energía que fluye libre por las mentes.

La belleza del alma noble estereotipada en cada sociedad, se desean modelos a primera vista diferentes dependiendo de la clase social, de la religión, del clima, de la economía, del nivel cultural etc…Tantos factores influyen en este sentimiento que seria imposible determinar un patrón justo y que hiciera referencia concreta a este sentimiento universal. Sin embargo es común, constante y se vive intensamente en cada minuto de vida, existen tantos deseos como estrellas en el universo, no se abarcarían todos con una vida.

Si el deseo puede conseguirse, entonces cambiaria del plano emocional al físico, cambiaria a un estado material el cual banalizaria el sentimiento convirtiendolo en u objeto de cambio, posesión y celo. Perdería su áurea extraña y atemporal que nos fascina, convirtiéndose en un consumible y por lo tanto en algo ya sin sentido, anecdótico y mundano. Al ser algo del alma, y como el alma indómito e incontrolable podría volver a surgir en cualquier momento, por lo tanto es algo inagotable, como un manantial de pureza.

Por otro lado si no se consuma ese deseo, se convierte en frustración, llegando al punto de ser obsesión, y causar males psiquicos, enfermando el alma y el cuerpo. Este estado llega a curarse normalmente cuando ese deseo frustrado es sustituido por uno nuevo. Rápidamente el antiguo deseo es sustituido y toda la maquinaria emocional vuelve a funcionar, comenzando de nuevo con todo el poderoso proceso divino.